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Editorial

Mujeres migrantes: la historia de Zenia Milagros

By diciembre 19, 2022No Comments

La búsqueda laboral fue súper compleja porque existe mucha xenofobia en Uruguay

La Plataforma conversó con Zenia, una mujer cubana que llegó a Uruguay meses antes de que se declarara la emergencia sanitaria por el COVID-19. Este es el relato en primera persona de su llegada a nuestro país y de las dificultades a las que se enfrentó como mujer migrante.

“Mi nombre es Zenia Milagros. Nací en Santiago de Cuba el 11 de marzo de 1993. Me recibí de médico general en el año 2017 y trabajé hasta 2019, que fue cuando decidí venir. Realmente salí de Cuba con destino a Surinam, un país de Centroamérica, al lado de Guyana. De Surinam me fui porque el idioma es el holandés, a parte de los dialectos que ellos manejan, y se me hacía súper difícil ya que no habían escuelas de idiomas de español a holandés. Allí estuve aproximadamente un mes, con mi esposo, que fue con la persona que emprendí el viaje. Entonces decidí venir a Uruguay recomendada por una coterránea. 

De Cuba me fui por la situación socioeconómica, no tuve ningún tema político, ningún conflicto político ni acoso pero la situación socioeconómica del país me hizo querer ampliar otros horizontes y por eso decidimos irnos. Realmente todo fue por economía: mejor calidad de vida, mejor salario.

Los días previos antes de irme fueron un diluvio de sentimientos porque sabía que me iba a alejar de la gente que quiero, pero al mismo tiempo tenía ansias de conocer algo diferente. Llevaba 25 años viviendo lo mismo entonces quería ver algo diferente. Pero sí un poco de añoranza y un poco de nostalgia que dejaba atrás toda mi familia: mis padres, mis abuelos, mis primos, mis amistades, compañeros de mi infancia, de la universidad, en fin todas las personas que te rodean durante toda tu vida. Mis propios pacientes que cuando les dije que me iba muchos se despidieron hasta con lágrimas,fueron días un poquito difíciles sentimentalmente”.

 

La llegada a Uruguay

“Yo llegué a Uruguay vía terrestre. En Surinam un conocido tenía una sobrina en Montevideo y me dijo que ella tenía contacto con personas que se dedicaban a pasarte por los diferentes países. Tuve que cruzar de Surinam a Guyana en un ferry. Esa parte era legal, porque en Surinam nosotros estábamos como turistas. En Guyana nos estaba esperando un taxista, que era contratado por los que se dedican al tráfico de personas. Ese taxista nos llevó hasta el centro de Guyana, allí estuvimos dos noches esperando a que llegaran más migrantes para empezar la travesía por vía terrestre: Guyana – Brasil. 

La travesía por vía terrestre en una van duró 18 horas. Solo nos bajabamos a hacer las necesidades fisiológicas y a cenar. Una vez que llegamos a Brasil, esa persona nos dejó y nos estaban esperando en el punto fronterizo para ponernos los pasaportes y llevarnos hasta una casa. Ahí la encargada se ocupó de sacarnos los boletos a Boa Vista. De Boa Vista a Manaos fueron 12 horas de viaje en ómnibus. Ahí en la terminal de ómnibus de Manaos nos estaban esperando otros, con la foto de nuestros pasaportes, y nos llevaron al aeropuerto de Manaos. Entramos a Uruguay por Rivera, en calidad de refugiados. 

Llegamos a Tres Cruces el 28 de noviembre de 2019, tres meses antes de que declararan emergencia sanitaria. Nos fuimos a la casa de la supuesta persona que nos iba a estar esperando, que era la sobrina del conocido. Al llegar, el lugar no superó las expectativas porque no era ni remotamente parecido a lo que nos habían prometido. Pero bueno, ya estábamos acá”.

 

La búsqueda laboral y la discriminación 

“En Uruguay no fue fácil encontrar empleo. La señora que me arrendaba me consiguió trabajo como jornalera de limpieza. Y ese fue mi primer trabajo acá. Dicho sea de paso, todos fueron en el sector de la limpieza, más allá de que sabían que tenía estudios. Y ahí trabajé hasta que pude ahorrar dinero para mandar a Cuba, para que mis padres me pudieran legalizar toda la documentación que precisaba para iniciar el proceso de reválida de mis títulos. 

Realmente en lo que es la documentación migratoria y el proceso legal no es un país difícil para establecerse, pero es un país extremadamente caro.

La búsqueda laboral fue súper compleja porque existe ¿cómo decirte?, mucha xenofobia en Uruguay. No quieren mucho al extranjero pero aún así cuando lo tienen dentro muchas veces los explotan. Los trabajos son con las mínimas salariales aunque eso es una tendencia internacional para todo el que migra. En otros países se justifica porque algunas veces ese inmigrante no tiene el estatus legal, entonces puede dar paso a que alguien se aproveche. Pero acá en Uruguay es totalmente diferente, teniendo todo en regla prefieren matenerte por la parte ilegal y pagarte jornales por debajo del laudo.

Acá, como en todos los lugares, hay gente de bien, gente de mal. Encontramos gente de todos los tipos. Discriminación hay bastante. 

Yo soy médico, ahora estoy ejerciendo la profesión en Uruguay porque logré revalidar el título en 2021 y actualmente trabajo en una emergencia médica. Muchas  veces llego a los hospitales y solo por el hecho de ser extranjera hay nurses o doctores que prefieren hablar con el chofer o con la enfermera de la ambulancia, solo porque son uruguayos, y no conmigo que soy la médica.

La que tiene la voz de mando en el equipo soy yo, pero al ser extranjera y mestiza, tratan de pasar por arriba del protocolo. Algunas veces esto pasa entre colegas pero otras entre los pacientes que son uruguayos. He escuchado que dicen: ‘¿por qué me atiende una doctora cubana, si en Uruguay hay médicos uruguayos?’.

La gran mayoría de los cubanos venimos por situaciones que están pasando en el país, venimos a trabajar. Si en mi país hubiera la mitad de las ventajas económicas que tengo acá, nunca me hubiera venido. 

Llegamos acá con la intención de triunfar no de robar o saquear. No venimos a quitarle el laburo a nadie. El trabajo que hace el inmigrante es el que el nacional no quiere hacer: cuidar ancianos, cuidar bebés, limpiar pisos. Yo fui a la universidad ocho años en mi país y llegué a este país y tuve que limpiar pisos. 

Nosotros venimos a hacer el trabajo que nadie quiere hacer. No solo no quitamos el trabajo sino que contribuimos a la economía del país. Yo lo pago todo, al igual que mi esposo. Somos fuerza de trabajo”. 

 

Lo que se extraña

 

“He pensado regresar a mi país de turista, no para vivir. No puedo ni pensar en volver. Está muy lejos de superar mis expectativas como país para residir nuevamente. Es muy difícil, se han agudizado los motivos que me llevaron a emigrar.

He encontrado muchísimas diferencias entre mi país y Uruguay. El primero: el clima, más allá que me gusta el frío, mi país es sumamente tropical. La cultura y la gastronomía son muy diferentes. Secundario al clima están los productos alimenticios. Hay cosas muy ricas que extraño. La música, el baile, la forma de vestir. Nosotras no nos vestimos nada parecido a como se visten acá; nos gusta vestirnos con colores llamativos, con flores… Son muchas diferencias pero nos vamos adaptando. En dos meses cumplimos, mi esposo y yo, tres años de estar acá. Lo que más se extraña es la familia, los seres queridos que uno deja, la casa de uno. Todos los días se extraña. Cada vez que uno apoya la cabeza en la almohada”.

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